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Bienvenidos :-) Los textos, pinturas, dibujos, crafts y fotografías que veis por aquí son de mi autoría, a menos que se indique lo contrario. Podéis tomar lo que queráis,
pero indicad, por favor, el lugar de procedencia. Gracias a todos por ser, gracias a todos por estar.


Welcome, all these paintings, drawings, crafts, texts and photos were created by me. I hope you enjoy them :-) You can take them if you want to, but, please, just add my name or a link to my site. If you need a translator, you have it on the right, in the sidebar.


Thanks a lot for being here.




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06 junio 2012

Art journal


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Me gusta el art journal porque me permite rescatarme. Liarme a tortas con el espejo sin destrozarme las manos. De niña solía tener los cuadernos del cole muy sucios, si por "sucios" entendemos que los tenía todos garabateados de bocetos, dibujos de pájaros en vuelo y manchas con pretendido carisma :-) No había ningún rincón que se librara de mi voraz "horror vacui", por todas partes dejaba garabatos con aleccionadoras frases combativas extraídas del último libro que me hubiera emocionado. La mayoría de ellas no tenían aún para mí un significado claro, pero me bastaba que me inspirara algo distinto y superior a la realidad estática que vivía.



Pensé que había que hacer algo con aquella niña, así que he ido a por ella (y he procurado que parezca un accidente). El cuaderno que veis en las imágenes me lo regalaron mis tías. Decir debo que sus hojas son de un papel malvado, absorbente como una bayeta de cocina, concebido sólo para ser odiado por todo dibujante que se precie. Pero buena soy yo cuando algo se me resiste... :-) "Hala, lo convierto en art journal, a ver quién gana a quién". Las hojas son tan ansiosas, absorben de tal manera la pintura,  que ésta sale por el otro lado y deja el pincel seco como un estropajo al sol.

Pero es lo bueno del art journal :-) que todo da igual.




Hace poco tuve que volver a guardar cama. Cuarenta de fiebre y los músculos en rompan filas. "Lo que le faltaba" diréis :-), pues no, me faltan otras muchas cosas, una mansión en Florida y un juanete, entre ellas. Lo del juanete es cuestión de tiempo. Pero quiero decir que me pasé las primeras horas rabiando, más que por la fiebre, por no poder llevarme todos los recortes al dormitorio y hacer de mi capa un collage... Hasta que me pregunté: "Anda, ¿y por qué no? Si en uno de mis largos confinamientos en cama hice hasta figuras de arcilla".
No, no intentéis imaginarlo :-)

Así que me animé y el resultado fue una cama inundada de revistas de jardinería, recortes de prensa, tres tijeras (porque todas se me van al suelo, el hueco entre mi cama y la pared está siendo estudiado como la "Franja de las Bermudas", es la puerta de entrada a un agujero negro que al profesor Hawking se le ha pasado), pegamento en barra, rotuladores, bolígrafos, lápices, acrílicos y unas tres mil ideas, que era lo que más pesaba. 

Tenía bastante miedo de que las cuatro patas no resistieran la acometida.



Pero, ¿qué se escribe en un art journal?... La respuesta es TODO. Todo lo que se te pase por la chola, los trajines de tus problemas, los recuerdos que no tienes, las historias que debieron ser y no fueron. Y citas, muchas citas de tus autores preferidos, todo ello embadurnado, manchado, machacado, frotado, rasgado, y gozosamente intoxicado... de colores.


He procurado hacer los dibujos muy infantiles. ¡Qué liberación! :-) Sólo ahora, después de darle mil vueltas, he conseguido entender aquello que decía Picasso de que se necesita mucho tiempo y dedicación para aprender a pintar como un niño. No sabéis lo difícil que es olvidarse de proporciones, medidas, perspectivas y demás reglas tediosas aprendidas en las academias concienzudas.




Pero creo que lo he conseguido :-)
¿Vosotros qué diríais? ¿He aprendido a dibujar como un niño?




Estoy escribiendo en mi art journal un relato absurdo sobre un abejorro que quiere ser pájaro... Lo he dejado al pobre llorando a moco tendido sobre una escarola, contándole sus cuitas a un petirrojo que cometió el error garrafal de preguntarle qué demonios le pasaba y por qué iba por la vida tan -literalmente- ali-caído...

No tengo la menor idea de cómo seguirá la cosa. Espero que el texto se vaya creando a sí mismo, y ser yo sólo el instrumento necesario para hacerlo real en esta dimensión visible.

O quizás lo deje tal cual... No será el primer relato que se me queda en la barriga y en el espacio gozoso del art journal tampoco importa lo inacabado.




También he escrito un poema de Juan Ramón que siempre me ha conmovido, porque habla de una feliz convalecencia :'-(



Después escribí algo que me llegó a hurtadillas mientras recordaba las ilustraciones de los libros de mi infancia...



De todo, podéis escribir de todo, es muy liberador porque NO hay reglas, anarquía total, el sueño de pie en mitad del sueño :-)





Necesitaba urgentemente esta alocada cromoterapia. Frida Kahlo solía decorar con sus pinceles los corsés de escayola que se veía obligada a llevar para soportar sus terribles dolores de espalda. Me gustaría ser así, tener el valor para zambullirme en colores y dejar que ellos vivan por mí la vida que se me niega.

Hacer de los colores una torre para ver desde sus almenas el mundo como lo deseo.



Pero yo no soy así :-(  Por muecas amables que no sea, yo trato de sonreírle a esta primavera triste, a ver si se anima y me devuelve el mohín, si puede ser, con intereses. Pero este junio tiene sus luces en estado de queda y no se digna dirigirme la voz ni el consuelo. Debí hacer algo para merecerlo, aunque ahora mismo no recuerdo qué...



Lo cierto es que está siendo mala conmigo esta primavera enmohecida, no tiene nada de Prima-Vera, de Primera Verdad, es la mentira de siempre :-( La primera y la última.




Cuando nací, un hado lúgubre me advirtió que la cosa no iba a ser fácil. Le recuerdo muy bien, iba vestido de negro desde los zapatos al bigote. Yo le escupí un canto de acrílico azul, rojo y púrpura para mancharle de esperanza su ropa funeraria, pero no sirvió de mucho. Nunca ha servido de mucho, aunaque el esfuerzo fuera dichoso. Los colores me abrazan y sujetan, pero no me apartan del destrozo de fuera...



Ni tampoco del destrozo de dentro...



Aquí está, pues,  mi cuerpo otra vez imponiendo su tiranía, estableciendo sus leyes, marcando sus fronteras. "No puedes" me advierte con una energía que a primera vista parecería imposible en un organismo tan desorganizado.




Yo lucho y me rebelo, lo llamo "hijo puta" y le digo que quién se cree que es para hacerme la vida imposible, para frenar mis ansias de crear, para atar mis manos además de mis pies con dos vueltas de cables y mala baba. No lo entiendo ¿qué le he hecho yo a este engendro malparido para que me trate de este modo? ¿No se supone que yo soy su dueña y no al revés?



Y pienso en Frida, y en la barrera de colores que construyó entre su cuerpo hostil y ella, y reconozco dolorosamente que no todos estamos hechos de la misma materia que los dioses.
:-(((



Para colmo, mi madre tampoco se encuentra bien... ¿Alguien da más? Ni siquiera oigo a los pájaros desbaratar el aire a trinos desde hace días. Cantan, estoy segura, pero no los oigo. 
No hay derecho. ¿Qué le pasó a la alegría?

-o-o-o-


En fin, no sé cómo acabará la rocambolesca historia del abejorro llorón, pero, mientras se me ocurre un final lo suficientemente inverosímil, aplacaré con versos el vacío azul de algunas páginas ya embadurnadas. Este poema del poeta guatemalteco Manuel José Arce está en lista de espera:


Tú, que vienes caminando
desde el fondo de mi vida;
que traes como bandera
la música de tu risa;
tú que en tus ojos escondes
lo que mi alma necesita;
tú, que en mi pecho has vivido
por años como dormida
y hoy me despiertas de golpe
hasta que no da cabida
mi pequeño corazón
para esta explosión de dicha.
Eres el río al que quise
ponerle diques un día.
Hoy que subió tu corriente
ya no hay diques que resistan.
En la casa de mi pecho,
en mi sueño y mi vigilia,
en las calles de mis manos,
en la ciudad de mis días,
en la patria de mis pasos
y en el país de mi vida
ven, entra y manda: es tu reino,
tu victoria, tu conquista.

No me suelen atraer los poemas con rima, pero éste me cazó, el muy  pillo. Hace ya mucho tiempo que no tengo pareja, pero algo se removió en dulzura cuando reconocí el sentimiento descrito en estos versos, esa percepción de desbarajuste interno que conlleva todo enamoramiento en su fase inicial :-) Y aquí don Manuel José lo describió como lo que fue, un maestro.  
"Quien lo probó, lo sabe". 

Me pareció muy bonito y digno de formar parte de mi "obra-chiflada-maestra-artjournalista", he dicho.
¿Qué decís vosotros?




De acuerdo, ya se va la pesada. Sospecho que toda esta parrafada, además de un desahogue emocional en toda regla, es también un preludio siniestro :-( Os he querido dejar bien servidos porque caben muchas posibilidades de que no vuelva por aquí en una temporada, visto lo visto. Ya sabéis que no sé medirme, o me desparramo o me recojo, sin término medio.

Por el momento mi cuerpo gana la batalla. No hay colores, pinceles ni sonrisas suficientes para rendir al viejo tirano testarudo.

Que a vosotros no os rinda nada, por favor, prometedlo. Sed felices.
Besos a todos.


Muchas gracias a todos por vuestros comentarios y vuestras palabras de ánimo y consuelo. Ya os iré visitando cuando consiga dominar las aguas bravas del puñetero río :-) para que vuelva dócil al cauce que le marqué.  Muchos besos.

27 abril 2011

La marca de Caín

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"Y Caín se fue de la presencia de Yavhé y habitó en la tierra de Nod,
al Este del Edén"

Génesis 4, 16




Debía rondar los sesenta. Era un hombre pequeño, humilde, recortado, de una alegría pulcra y contenida. Su mirada boscosa andaba a medio camino entre el cinismo y la certeza. Era esa mirada que muestran siempre los que vienen de vivirlo todo y van de ese Todo, colmados ya y serenos, a la placidez de la nada. Tenía el pelo muy corto y blanco, una nevada capilar sin noción de fronteras, que se extendía a su rostro abrazándolo en una barba albina no del todo descuidada. Era artista y artesano. Hacedor de pequeños prodigios en cartón y gomaespuma, en tela y acrílicos, en lienzos y maderas. Sabía extraer flores de maneras exóticas de los materiales más bastos. Sabía dar vida a marionetas y amaneceres. Sabía pintar libélulas. Era evidente, en fin, que había pactado una firme alianza con la Belleza, que se le rendía, desnuda y sumisa, como a un amo protector.


Caminaba con dificultad. Pero era una dificultad antigua, tempranera, no relacionada con la embestida de los años en los huesos. Se presentó y me tendió su mano hacedora de prodigios por encima de su tinglado ambulante atestado de pequeñas magias.


No recuerdo su nombre.


—Vi tus cuadros en la exposición —afirmó, cuando le dije el mío— Supe que estabas en esa silla de ruedas antes de conocerte. Tus cuadros me lo dijeron.


—¿Y cómo se lo dijeron? —pregunté, más por cortesía que por curiosidad.


—En nuestro idioma —contestó, y en su mirada, el cinismo y la certeza, abrazados, se apartaron para dejar un hueco a una diminuta claridad.


—¿”Nuestro” idioma? ¿El idioma de quién?


—Los que llevamos la marca de Caín nos reconocemos unos a otros. Unos aprenden a hacerlo antes, otros después. Pero todos acabamos reconociendo a un hermano aunque sólo veamos de él la estela errante que su paso va dejando por el mundo.


Sonreí otra vez por cortesía y traté de no creerle. Me despedí del anciano mago y de su puesto de prodigios. La muchedumbre y las horas me alejaron de su recuerdo durante el resto del día. No le volví a ver.


Traté de no creerle…


Pero, desde entonces, cada vez que mis pinceles acarician la tela, siento una punzada candente, como una llama infinitesimal, la punta de un alfiler encendido, invisible y certero, en el centro de mi frente.



21 mayo 2010

Hojas


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Ya sólo espero hojas.

Hojas pasadas de fecha, blandas de oro,
abrazadas al viento y sus alas.
Sólo hojas.
No rendiré mis deseos
al verano y a sus mareas generales,
a sus alardes comunitarios,
a sus peces paralelos,
a su estulticia colectiva velada de usanza.
Al terco mimetismo de las especies.

No. Yo apetezco un horizonte rubio.
Una amarilla cosecha de hojas y de tardes,
un aguardar quieta, blonda, constelada,
la noble aventura del frío.

Sólo queda esperar…
y ése es mi fuerte,
una estación pasa deprisa
y yo estoy hecha de esperanza.
.........

No estamos en verano pero por estos sures lo parece :-)
Pues no, no me gusta el verano, porque llevo mal el calor y porque en verano se ve un tipo de tontería oculta el resto del año, jaja. Pero este invierno ha sido tan saborío que casi deseo que el Lorenzo se ponga las medallas del tirano como suele por mis lares en esta época. Aquí o te hielas o te asas, no hay término medio. Hasta el clima es apasionado al sur de Despeñaperros.

La imagen es un trabajo de estampación: se aplica tinta, acrílicos o cualquier otra cosa que tengáis en casa en el anverso de una hoja natural. La presionáis sobre un papel, y he aquí el resultado. Intentadlo, es muy agradable :-)
Besitos grandes, grandes.

08 mayo 2010

Otra vez









Otra vez…


Buscando entre los sillares un resquicio,

un camino hacia la luz que no sea cuesta arriba,

un sueño que no tenga ojos de ceniza.


Otra vez…


Me abrazo a la esperanza como si fuera Dios (ella)

o el diablo (yo) y me despierto apretando mis hombros.

Estrujo mariposas en los puños hasta que son almas

y le recuerdo a la noche su escaso don para el consuelo.


Otra vez…


Soy, de nuevo, capaz de matarme a preguntas,

cogeré la más aguda y me abriré las venas con su filo.

Del garfio de una interrogación colgaré mis vísceras

como un ternero absorto que espera el despiece.

Sé quien soy y no me importa reconocer

que podría, apartando culpa y agravio,

vivir sin mí y sin nada,

sin alma, sin mar y sin destino.


Otra vez...




..........................


La imagen es una interpretación personal a la acuarela del célebre cuadro de Edvard Munch "El grito". Bueno, de una de sus versiones, que también os dejo aquí abajo. Perdonad las malas vibraciones que me revolotean esta tarde :-(


Besos a todos.





04 abril 2010

La joven de la perla




Vermeer debía creer en la posibilidad de la permanencia. Debía pensar que es posible sobrevivirse a sí mismo desbaratando, una a una, las viejas argucias del Tiempo. Sólo así se puede vislumbrar el secreto de la simbiosis perfecta entre luz y melancolía que, desde hace tres siglos, se enciende a fuego lento en la inocencia de esos dos iris. Quien la comparó con la otra bella extraña, la de Leonardo, agredió la frescura perenne de esa boca donde se diluye en saliva cierto resplandor nórdico, procedente de una ventana, no visible en el cuadro, pero que, aún así, nadie podrá cerrar jamás.


El hombre es el único ser con anhelo de persistencia. Quizás porque es, también, el único ser que sabe de arrogancias y vanidades. El arte es uno de los escasos aliados que le sirven en su ancestral empeño por enraizarse en la historia con la firme tozudez de una catedral románica.


Consciente o no de ello, Vermeer aspiró también a la trascendencia. Pero al maestro le bastó la luz sombría de Delft, el auxilio dócil de sus pinceles, y el guiño cómplice de una perla para firmar su particular convenio con la eternidad.





"La joven de la perla" de Johannes Vermeer


Feliz Pascua a todos :-)

29 marzo 2010

Cinco minutos

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Prácticamente no veo televisión, así que tampoco veo publicidad televisiva. Conozco su utilidad, la necesidad de las grandes compañías de ampliar mercado e informar a los posibles clientes sobre sus productos en un medio tan popular. Pero no acostumbro a prestar demasiada atención porque cada vez que lo hago tengo la sensación de que “alguien” en la sombra me está agrediendo de forma sutil pero efectiva, alguien que, curiosamente, siempre “veo” oculto en un lujoso despacho con aviones y rascacielos al fondo, con una media sonrisa burlona, con los brazos cruzados por detrás de la cabeza y fumando cigarrillos caros con boquilla. No sé si os pasa a todos. Hay spots publicitarios que me parecen un auténtico insulto a la inteligencia. Otros son artísticos, sí… Y a veces son ambas cosas a la vez. De todas formas, si decido escribir algo sobre la publicidad no tengo más remedio que dedicarle algo de atención. Y eso es lo que hice anoche: reuní ganas, aparté tedio, y les permití robarme cinco minutos de algo que considero sagrado, no porque sea valioso, sino porque es una de las pocas cosas que de verdad poseo: mi tiempo.


Después de cinco minutos tuve bastante, apagué la tele y decidí hacer una lista de los mensajes erróneos (a veces subliminales, a veces absolutamente directos), las inexactitudes, las exageraciones, cuando no las mentiras descaradas que vi y escuché en tan corto periodo de tiempo, pero que son un botón de muestra de toda esa exposición de “valores” que cada día y a todas horas está recibiendo inyectada en vena sobre todo la gente joven, por ser, en principio, el sector poblacional más maleable. Y esto sin que podamos hacer nada al respecto. Sobre este asunto se han derramado océanos de tinta pero no pude ni quise reprimir mi humilde aportación al debate. Pensé que si alguien viniera de otro planeta totalmente ajeno a la Tierra, a su Historia y sus trajines y no se le permitiera obtener más información sobre la aventura de ser humano que aquella que ofrecen los anuncios publicitarios, el pobre alienígena llegaría, entre otras, a las siguientes, cuando menos, curiosas conclusiones:


-Si acudes a una entrevista de trabajo con el blanco de los ojos deslucido de nada te servirán tu currículum, tu talento personal o tu experiencia. Serás descartado sin contemplaciones.


-Los hombres nunca tienen gases. Sólo las mujeres.


-Los hombres nunca sufren estreñimiento. Sólo las mujeres.


-Las abuelas de pueblo ya comían pizza cuando eran niñas. A juzgar por la edad de las abuelas actuales, estaríamos hablando de la España rural de 1940 / 50.


-Ponerse cierta compresa es el antídoto más eficaz contra el mal humor y la depresión menstrual. Basta ponértela para que todo se vuelva color de rosa.


-La mejor arma de una mujer para triunfar en cualquier campo es una barra de labios.


-Los bancos sólo desean nuestro bien.


-Pasar hambre es divertido.


-Si bebes cierto refresco de cola no tendrás más remedio que ser feliz. Si no lo eres es porque te has equivocado de marca.


-Si tienes caspa no te amará nadie, no tendrás amigos, no tendrás éxito y no conseguirás trabajo. Sólo te queda el recurso del suicidio.


-Si tomas cierto brebaje seudolácteo tu corazón estará blindado y nunca sufrirás un infarto.


-Las personas feas no existen.


-Las personas discapacitadas no existen. (Y si existe alguna su única ocupación es vender cupones, ocupación que las hace rabiosamente felices).


-Los ancianos no existen (excepto la señora que comía pizza en la famélica España de postguerra).


-Las personas tristes no existen (excepto las que tienen caspa, que están tristes porque tienen caspa).


-Las modelos comen chocolate.


-A juzgar por la expresión de sus caras, lavarse los dientes produce un placer indescriptible.


-Ducharse produce un placer indescriptible.


-Afeitarse los hombres y depilarse las axilas las mujeres produce un placer indescriptible.


-Masticar cierto chicle produce un placer indescriptible.


-Lavarse la cabeza produce un placer indescriptible (excepto si tienes caspa, en este caso es una actividad traumática debido al sufrimiento moral que produce este problema).


-Beber cierto batido hipocalórico es prácticamente orgásmico.


-Si controlas tus evacuaciones, controlarás tu vida.


-Tener piel de naranja es un estigma vergonzoso. (Casi como tener caspa).


-Si conduces cierta marca de automóvil y, de pronto, se te cruza una vaca cuando vas a 150 por la autopista, la vaca se desvanecerá en el aire y saldrás ileso. Pero sólo si conduces esa marca de automóviles. Si conduces otra te estrellarás.


-Las agencias de seguros sólo desean nuestro bien.


-Tener los dientes de otro color que no sea blanco es un problema de primer orden. (Aunque no tan grave como tener caspa).


-Si te pones un parche anticallos podrás bailar toda la noche con unos tacones de quince centímetros sin la más mínima molestia.


-Estar gordo/a, aunque sólo sean unos kilos de más, es la peor desgracia que te podría suceder. Peor que tener caspa, peor que un divorcio, la separación de alguien que amas o una enfermedad terminal. Peor que el desempleo o la muerte de un ser querido, peor que el destierro, la locura o la incapacidad. Estar gordo/a es lo peor de lo peor.


Y ahí lo dejé. Y lo entendí. Hace tiempo que lo entiendo. Si los medios de masas te persuaden de que las nimiedades son problemas y de que los problemas son nimiedades (que se te cruce un animal grande cuando vas a 150 por una carretera no me parece cosa de risa) es comprensible que el ser humano se haya convertido en un engendro buscador de felicidades ilusorias e inalcanzables en los lugares equivocados, en una marioneta eternamente insatisfecha, persiguiendo siempre como ideales los modelos preestablecidos por otros. El descontento se cifra en ganancias y esto lo saben los voraces tiburones del merchandising. Cuánto más descontentos estemos o creamos estar, más elegante será la cifra del superávit.


Y también entendí todavía mejor una breve conversación que escuché de pasada en unos grandes almacenes hace algunas semanas. Los protagonistas eran dos chavales que, al parecer, hablaban sobre la nueva novia de un amigo que no estaba presente.


- ¿Viste el pantalón?, ja ja ja…

- … Le estaba estrecho, está rellenita…

- Qué rellenita, tío, está como una vaca, ja ja ja. Le salía la barriga por encima del cinturón, qué pasote… Qué cabrón el…

- Es una tía legal, es amiga de mi hermana Vane…

- ¿Y qué? También hay tías buenas legales y no vas haciendo el ridículo por la calle con “eso”.


.........



Y si este patrón de pensamiento fuera exclusivo de los adolescentes, el problema no sería grave...


....


Me voy a buscar la luz. Es primavera y el sol barre las sombras que se quedaron amontonadas en los rincones del patio tras la retirada del General. ¿De qué marca será el sol? Creo que es ésta la forma que tiene nuestra estrella de publicitarse a sí mismo: llevándose las sombras, prometiendo la claridad, prometiendo una felicidad pequeña, simple e instantánea. Sólo que él no gana nada a cambio, es un mal negociante…


De acuerdo, me ha convencido. Lo compro ;-)

Besos a todos.





La primera ilustración es mía y ésta última de Koldo Campos Sagaseta

16 marzo 2010

Allá va el olor de la rosa

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¡Allá va el olor
de la rosa!
¡Cójelo en tu sinrazón!

¡Allá va la luz
de la luna!
¡Cójela en tu plenitud!

¡Allá va el cantar
del arroyo!
¡Cójelo en tu libertad!


Juan Ramón Jiménez*

....

Y ahí tenéis la rosa ya acabada. Está realizada con lápices de color "Van Gogh", sobre papel de 150 gr/ m2, de 29 x 42. He tardado en acabarla porque desde el principio no me llevé bien con ella, no se doblegaba a mis designios ni yo a los suyos, hemos estado discutiendo todo el rato, es uno de esos dibujos rebeldes que van por libre y que muerden la mano que les da de comer y los trae a la luz de la existencia. Qué desagradecida :-)




Pero hoy no puedo enfadarme. Las golondrinas han regresado. He visto a una dibujar pentagramas aéreos sobre los tejados llevando, también, una rosa de luz en el pico. El General se sabe vencido y está rabioso y esta mañana ha desplegado su ira sobre la tierra y los hombres, aireando su raído disfraz de enero trasnochado (hace un frío que pela). Pero todas sus artimañas de viejo rencoroso no podrán nada contra el empuje de la luz y la vida nueva. Hoy el sol camina con otra cara, le brotan sonrisas a las ramas y "ella", la "Primera Verdad", la Prima Vera, con su pamela de trinos y su vestido de heliotropos, susurra muy bajito: "tranquilos, fue largo el viaje, pero ya estoy aquí, ya estoy aquí..."

Todo llega.

Besos a todos



* Dejo el poema con la ortografía tan particular de Juan Ramón :-)

04 diciembre 2009

Entre el fulgor y el júbilo


"Cuando el amor comienza,

hay un momento

en que Dios se sorprende

de haber urdido algo tan hermoso.

Entonces, se inaugura

-entre el fulgor y el júbilo-

el mundo nuevamente,

y pedir lo imposible

no es pedir demasiado".

Antonio Gala



No voy a detenerme a medir mis sueños

ni a calibrar lo que espero para el día que llega.

Voy a pedirlo todo.

Tengo el hoy, sí, unas manos como mareas

y una sonrisa izada en lo más alto del mástil.

¿Qué más? ¿La luz?

La luz y unos ojos para repetir los míos.

Y un hambre de Dios, de paz y de plumas.

Pero voy a pedirlo todo, por si se me dona algo.

Voy a pedirlo todo.

Que por pedir no quede,

la Nada, ya la tengo segura.




29 septiembre 2009

Diógenes


“Durarán más allá de nuestro olvido”

J. L. Borges



A mi hermano




No puede haber espacio mayor que la memoria.

No puede haber rincón más oscuro

que esta claridad con que hoy me asomo a todo lo perdido.


Aquí, en mi regazo, duermen su sueño de polvo

un millar de formas, conclusas como ruinas.

Voy amontonando cada objeto vetusto

que una vez fue útil o bello y que ocupó

tantas mañanas, tantas tardes, tanto afecto

que ya no puedo barrerlos de mí

sin arrancar con ellos un trozo de alegría

de esa clase de alegría que nunca sobra.


Allí, desgarbados en su orden confuso,

me espera el coqueto pianito de plástico rojo

que despertó una noche de Reyes

-que entró por la ventana, nos dijeron-

a su proyecto de estar para siempre

formando parte de nuestra pequeña historia.

Aquella muñeca afectada y pelirroja,

de ojos azules y fijos como botones despiertos

que perdí en un oleaje de años procelosos

y que ahora evoco con la gravedad

con que se añora un deseo amputado.


En otro rincón, atesorando motas de olvido,

aquella raqueta viuda, sin compañera y excesiva

para dos niños menores de diez años

que la usaron para todo menos

para su primer y exacto cometido.

Nunca la supimos manejar con destreza.

Y el peluche complaciente que pretendía ser oso,

más blando que bonito, más blanco que tierno

que acomodé en mi cama tantas noches

esperando que su anestesia de gomaespuma

apagara el miedo a caer en esa trampa

que entonces me parecía el sueño y sus arcanos.


Y el perro que guardaba pijamas en su barriga

y la serpiente larguísima y destartalada

que mi madre nos hizo, cosiendo calcetines jubilados,

un reptil descomunal de andar por casa.

Y aquel cachorro de goma que miraba

como si viera. Y aquel tren de cuerda

que tuvo que aprender el duro oficio

de viajar sin rieles ni guardagujas

por el sufrido suelo del salón de juegos.


Y el caballito balancín, valiente y estoico,

que era la versión plástica del “Pequeño Tío”.

Y la capa que fingía con torpeza la piel del tigre,

auxilio perfecto en nuestras selváticas tramoyas

-Tarzán, Orzowei, Sandokán, saltando en el tresillo-.

La ballesta con trazas de animal violento,

el álbum de cromos incompleto y resignado

el cómic infumable aprendido de memoria,

el rifle de feria que ladraba más que mordía,

el Mádelman con ínfulas de batracio

-y que olía a goma más que a aventura-,

el helicóptero de salvamento que parecía un insecto disecado.


El puzzle, la máscara, la pelota,

el libro, el cuadro, la pizarra…


Así, uno a uno, voy rescatando,

cada tesoro amado y perdido.

Sobrevolando burlas y desmanes,

-Diógenes feliz contra el mundo-

no cejaré en este ejercicio de añoranzas

hasta haber almacenado en mi desván secreto

todas las palabras, todos los recuerdos,

que me avisan de que soy sólo un final previsto,

el resultado de toda la esperanza, la fe y el gozo

que fui acumulando para la escasez del mañana.


Mil años después,

aún soy una niña que aguarda.

Una criatura medrosa esperando

que una noche de Reyes,

u otra noche fría y cualquiera,

sólida de estrellas y de escarcha,

la felicidad, hecha juguete

o destino,

entre por mi ventana.



Disculpad la extensión. Ya sabéis los que le pasa al entusiasmo cuando se le suelta la mordaza :-)
Besos a todos.

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