
"La noche trae consejo" asegura el adagio, y una servidora, que gusta de prestar oído a los saberes ancestrales, se dispuso a dejarse aconsejar por la musa luminosa y nocturnal que anduviera de guardia. Preparé, como siempre, el escenario. Apagué la luz y dejé encendida sólo la del pensamiento, la atención centrada en lo que tendría que decirme la madrugada del primer día realmente caluroso del año. Dejé la ventana abierta porque la atmósfera pesadísima traía pasaporte de Nairobi. A través de la persiana, la luna tuvo la osadía de descender en copos de luz mojandome la espera y mis papeles en una nevada azul y cálida. Le otorgué al pobre satélite el pequeño "don" de mi despegada compañía :-) y traté de arrancarle un poema al silencio. Pero se me quedaron las uñas clavadas en su raíz y sólo salió esto que os traigo. Un intento de embutir en palabras el sofoco de una noche insomne, sobrada de estrellas y vacía de ingenio.
No me gusta el verano. Ya lo sabéis :-) Y me temo que el poema me delata.
deseaba la raíz,
aquel principio de la nada”.
Francisco Medina Troya
La madrugada se me ofrece, húmeda y abierta,
como una inmensa boca termal que ensaya un gemido.
Aguzo el oído por si alcanzo un poema
pero del confín de su garganta no brota hoy salmo ni aliento...
Esta noche desgajada sólo respira hondo
por la llaga branquial de sus estrellas,
se calza sus sombras, mastica cuidadosamente
la brasa azul de sus silencios.
El calor solitario me acuna esta sentencia de piel
y herrumbre que es mi cuerpo desnudo,
dos veces prisionero entre la yedra de las sábanas.
Pero Junio va ya practicando sus codicias,
cabalga hacia la salida con afán militante
con todos sus helechos -y sus venenos- enconados,
mientras, al otro lado, San Juan se prepara,
sumerge y refresca su pacífico rostro
en las fuentes sagradas de la Tierra.
Y yo aguzo el oído, por si llega el poema...
No, en esta noche germinal no hay hoguera ni plegaria.
No hay más que un silencio sucio de cadenas,
un bosque de luciérnagas en marcha,
y el paso menguante de otra luna penitente
que -púdica y argenta-
me susurra sus pecados
tras el secreto eclesial de mi persiana.
"Ego te absolvo..."
.......
Perdonad mis ausencias, el otro blog se me lleva ahora demasiado tiempo. Es como un niño pequeño que necesita múltiples cuidados hasta que aprenda a andar solito :-)
No olvidéis pedir un deseo a la luna de San Juan :-) Quién sabe lo que oculta lo invisible...
Hasta pronto.
Besos

























